lunes, 11 de julio de 2011

El Monseñor Rubalcaba quiere catequizar al 15M




El discurso inventado por el ex ministro de Interior del gobierno Zapaterista, construido como un guiñol para infantes cándidos (repleto de guiños al 15-M), supuso la constatación de que el partido aún en el poder, carece de una mínima coherencia, por la evidente razón de la ausencia clamorosa de algo tan esencial en un colectivo político.

Lo más hilarante son los comentarios y titulares, a todas luces estudiados con lupa, para encandilar a esos bienintencionados jóvenes que acamparon en plazas y glorietas, intentando dejar en el aire veraniego el sutil aroma de un “giro a la izquierda”, del que sería protagonista este aprendiz de Escrivá de Balaguer llamado Alfredo.
La desesperación de los socialistas, presos de su propia ineficacia y descaro, semeja la ocurrida cuando el PP vapuleó a sus hermanos de Ferraz y mandó a Felipe González al destierro político, para que pudiera seguir estafando al personal con sus mentiras y promesas incumplidas.


La sombra de la paliza electoral de un patético y mediocre personaje como Mariano Rajoy sobre las huestes del candidato Rubalcaba, continua siendo la mayor amenaza para esos llamados socialistas, que en 2012 tendrían que poner freno a sus habituales pelotazos de corte nepotista en medios de comunicación, ministerios, direcciones generales y otras fincas, donde pagar los servicios al partido a Pajines y Blancos, Chaves y Bonos, Chacones y Trinidades, que ya ultiman sus estrategias ante los presidentes de las grandes empresas y multinacionales varias, para detentar un cargo (sinecura habemus) en los consejos de administración, incluida la banca privada. Ante el seguro naufragio, las ratas de la catedral socialista comienzan a buscar agujeros por donde escapar.

De eso no habla Monseñor Rubalcaba, el ministro que niega la tortura, con su gesto de religioso a punto de dar un caramelo al niño que se porte bien, en el cole y en la calle. La hipocresía de quien se han mantenido a la diestra de Zapatero, pero no hizo nada por corregir a su señor en tiempos en los que las vacas comenzaron a padecer anorexia, se alza en todo su esplendor con el discurso del cántabro aspirante a regidor del país.

Monseñor quiere dejar claro que él huele a socialista, que se baña con sales Iglesias (de don Pablo), que su hisopo mágico no será jamás porra con la que masacrar a los descontentos, que lo social primará (de primado y primo) sobre lo público, que el PP es el diablo que nos llevará al purgatorio, o al mismo infierno.
Lo sabe porque siempre estuvo en el limbo.

Fuente: ESCRITO POR CARLOS TENA

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