domingo, 17 de julio de 2011

Lluvia, lluvia, ¡lluvia!

Lo naranja se oculta raudo
en un mar gris muy nuboso,
ancho, adulto, fragmentado y sabio
dejándome entre paraíso viscoso

que vuelve mis genes bipolares,
siento un viento en mi rostro dichoso
me vuelve reina inocente, blanca y rosa,
dueña de la luz y sentimiento cariñoso.

Una gota en mi mejilla provoca chispas
y por ello evoluciono a espíritu mañoso
que colorea paisajes grises y en sepia,
que saca a los tímidos de un momento embarazoso.

Con fuerza y muchos mimos femeninos,
el agua que me toca es ácido correoso:
mi piel se funde entonces, mi suspiro es ceniza,
así que asciende a ese océano caluroso,

tocando fragmentos de placenteras noches
fortaleciéndome con un brebaje que es costoso
para mortales sin latidos ni rojiza salsa interna
guiados por ladridos y alarmas de tren vidrioso.

El agua de lluvia besa mis risas,
abraza y destruye mi defecto más soso,
las gotitas limpian, perdonan, ofrece nuevo juego,
amansan, dominan, calman al más fiero oso.

La lluvia es dulce sorpresa de madrugada,
es visita digestiva del plato más sabroso,
es mordisquito del más suave y juguetón gatito
pero todo esto me viene cuando en mis ojos entra cielo nuboso...


ALBA LOBERA VALLEJO

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