miércoles, 17 de agosto de 2011

¿El Payaso Azul lo hace por mí?

Antes de que en plena oscuridad
la lágrima roja brote de mis ojos
una voz escsasa de joven carnosidad
me susurra consejos y algunas experiencias

que le han hecho ver con claridad
el mundo en el que yo caí,
me aconseja, debida mi edad, con caballerosidad
quitando la suciedad a sus recordatorios

mientras una nana llena de atrocidad
entona, acompañada de mueca psicópata
por su parte, y poco a poco quema su suavidad
para sembrar las cenizas de algo nuevo.

Es ese payaso azul de gran autoridad
el que exime mis deslices más profundos,
y me hace sentir en este mundo, aceptabilidad
demostrando que no soy carne y hueso grises.

Me dice que tengo mucha bondad
que ofrecer a la gente cuyo silencio
grita su sed de recuperar la dignidad,
y me lo dice todos los lunes...

Los martes, cantando con fugacidad
exige, por mi parte, olvidar el rencor
y el odio, con su pañuelo de generosidad,
acordándose de que sólo selecciona Dios...

El día de Mercurio, con bestialidad,
suplica que busque lo verdadero en tus pupilas,
manteniendo mi psique en estricta castidad
y el conocimiento y mente bien atentas...

Cada jueves me narra (de casualidad)
sus experiencias enamoradas del crepúsculo
que anestesiaron, durante un tiempo, su vitalidad
para luego despertarla bruscamente

y enseñarle, con ligera deformidad
que él debe compartir su sabiduría
con una chiquilla llena de elasticidad
y ansias de comerse el universo.

El viernes yo, con peligrosa curiosidad
trazo preguntas en el eco de mi cama
y el Payaso Azul con notable crueldad,
responde, a desgracia mía, una minoría de cuestiones.

Los sábados y domingos, con descomodidad
él guarda silencio y vigila mis sueños,
en los cuales aprovecha con inquidad
a mostrarme sucesos futuros entre ellos.

El Payaso Azul tiene, en su rostro infelicidad
su voz, es lo único que lucha por ser angelical
pero suena macabra debido a su infidelidad
cometida cuando él seguía vivo, (¿cuál sería?)

y para que de gran longevidad
su comatoso cuerpo disfrute en el futuro
él debe darme una base de luminosidad
en mi principiante vida, inundada por la inocencia.



ALBA LOBERA VALLEJO



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