viernes, 12 de agosto de 2011

Has drogado mis labios


Mis labios están secos
y su piel huele a llantos,
su saliva es ahora leyendas,
su sangre son descosidos mantos.

Echan de menos cálidas atenciones,
se rompen y pudren junto a los santos
que fueron olvidados en paganas hogueras,
de ásperas cenizas, siglos y otros tantos

que duermen entre rayos lunares,
como mis labios, hartos de llantos,
quieren ahora morder el viento
y hacerte sentir la electricidad de sus cantos.

¿Por qué los has olvidado?
Es como... Si odiases su sabor
disfrutando a la vez el incendio provocado,
por parte de tus actos expertos

que son un potente rayo cargado
en mi adrenalina, mis pupilas y mi respiración
estando así entre la fina línea de lo salvado
o de la perversidad más macabra.

Sin aliento a mis jóvenes labios has dejado
y yo te haré eso cuando te vea,
para llevarte a un campo espinoso y rosado
donde las abejas muertas hacen un océano.

¿Por qué los has olvidado?
Por el día disfrutabas de ellos,
y en el crepúsculo, del resto
pero ahora desapareces cual mago

cuando te los ofrezco con suavidad...
Están, de esa maldad que llaman amor, contagiados
por tu culpa, ¿lo sabías?
Sí, de una dulce pesadilla, demasiado envenenados.

No pueden enfriarse porque te recuerdan
no pueden saciarse, pues de ti acostumbrados
están cuando por primera vez probaron
la suavidad de nuestra tormenta de enamorados,

la humedad de nuestras sucias palabras,
la exigencia de nuestros gestos apasionados
la impaciencia de nuestras palpitantes voces...
Oye, amor, ¿por qué los has olvidado?

Estos labios pecan de sinceridad
y, por supuesto, no te han engañado
porque prometieron ser oasis para tu desahogo,
porque, por tu culpa, están muy envenenados.


ALBA LOBERA VALLEJO


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