sábado, 20 de agosto de 2011

Necesito que entierres una cuerda


Estoy sola y muy dolorida,
no veo nada, sólo oscuridad
llevo años así, y no hay salida
mi rostro irritado lo conoce bien...
Es por ello que su esencia está partida
y es tan pobre que apenas tiene piel
ya que ésta en boca de lobos está dormida,
entre sus dientes y su pestilente aliento.

No sé cómo se han llevado mi vida
pero está claro que cumple condena ahora
bajo una zona, con sollozos y nieve concebida.
Agujas se clavan bajo mi lengua, fuerte pesadez
en mis hombros, y lágrimas secas, como mi saliva
son parte de mi castigo, hora tras hora tras hora,
lo que me zambulle en una loca escalera, ¡sin huida!
Mientras oigo a un bebé llorar, con voz aguda.

Con tacones troto yo hacia una posible guarida
mis ojos blancos sangran y manchan mis pronunciados huesos
sin importarles arrancarme jadeos entre una maleza perdida.
Me detengo. Mi corazón no late, pero puedo escucharle
aunque haya vísceras e insectos en mi decidida
(y arañada) sentencia, que me hace vomitar agua negra,
caldosa y corrompida, resultado de mi esperanza desfallecida
que huele a rosas muertas y a espejos mohosos.

Si con tu fe descubres mi cara, sin expresión y confundida
poco a poco escalaré hasta un prado libre de lunas llenas
y recuperaré mi piel rota y mojada, de extraña medida,
para limpiarla con tus risas y coserla a mi esqueleto
usando mi cabello como un largo hilo de pasión explosiva.
Gracias a ti, en mis ojos hay una dulce voz, hija del llanto infantil.
Y con tu fuerza, mi sangre matará a la luciferiana vela encendida.
Estoy lista, sólo busca mi vida y entierra una cuerda...


ALBA LOBERA VALLEJO




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