jueves, 18 de agosto de 2011

Rayos de la Muerte

Artículo tomado de JL (MundoDesconocido)

En este nuevo artículo quiero hablarles sobre uno de esos inventos que todo científico loco es capaz de desarrollar. Me refiero, por supuesto, al rayo de la muerte. Y aunque no desgranaré los mismos (por no aburrir), es mi fin presentar algunos de ellos.


Algún tiempo antes de que George Lucas nos presentase el poder de destrucción de la Estrella de la Muerte y su capacidad para destruir un planeta entero, el inventor austrohúngaro Nikola Tesla ya había ideado un Rayo de la Muerte.

A raíz de su proyecto de la Torre Wanderclyffe, con la que pretendía transmitir energía eléctrica de forma inalámbrica – cosa que llegó a conseguir a pequeña escala con una serie de lámparas – algunos pensaron que, como siempre, ese invento beneficioso para la humanidad podría llegar a convertirse en un arma.

Sin embargo la historia en torno a este concepto es tan mítica – de mito – que los miembros de The Awl han cogido los planos Tesla (que digo yo: ¿de dónde habrán salido?), para dilucidar todos los secretos del pasado, el presente y el futuro del Rayo de la Muerte. Cosa que espero publiquen en breve.

Desde la atribución por parte del historiador Luciano de Samosata en el s. II al gran Arquímedes del poder de incinerar a distancia la flota enemiga romana mediante rayos de sol reflejados por espejos ustorios, siempre ha habido alguien interesado en concentrar la energía para destruir algo. Por ejemplo esos repelentes niños que armados de una lupa queman vivas a las hormigas.

Fue tras la Revolución Industrial y el auge del “maquinismo” cuando surge la ciencia-ficción, con artilugios capaces de las mayores proezas, teniendo en la fértil imaginación de Julio Verne (perteneciente a la sociedad secreta “Niebla”), el mayor exponente.

Es en 1924 cuando Harry Grindell Mathews, veterano de la segunda guerra de los Boers, proclama haber creado el Rayo de la Muerte que termina siendo una charlatanería tras una demostración ante el Ministro Británico del Aire.

A pesar del fiasco, Francia y USA se arrobaban la autoría de tal “invento”.


En los años posteriores no faltaron “inventores” – de heco los había “a barrer” – que se proclamaban autores de ingenios semejantes. Algunos llegaron a afirmar haber quemado maniquíes e incluso algún animal utilizado como cobaya.

En 1934 se conoció el caso de Antonio Longoria que afirmó haber sido capaz de “volatilizar palomas en pleno vuelo a 6 manzanas de distancia”.

Con el telón de fondo de la Segunda Guerra Mundial, se rumoreaba que el propio Guillermo Marconi – pechero de Thomas Alva Edison y farsante que robaba los diseños y patentes de Tesla – estaba ideando para Mussolini un rayo destructor.

Por otro lado, también se decía, que los japoneses trabajaban en una super arma de microondas, el Ku-Go, que tendría unos efectos similares.

Por su parte, Nikola Tesla diría haber inventado un Rayo de la Muete capaz de eliminar a un ejército a 300 kilómetros de distancia, tal como publicase el New York Herald Tribune en julio de 1934.

Tesla narraba que su invento crearía una barrera alrededor de los países similar a la Gran Muralla China que al no poderse atravesar por los aviones, ni los tanques, ni los soldados enemigos acabaría con las guerras. Siendo que al mismo tiempo sería posible emplear tal ingenio como un arma de ataque en forma de rayo dirigido.

Aunque no existe constancia – ni prueba o indicio que lo apunte – de que se llegase a desarrollar tal proyecto, los hay que sostienen que lo que realmente ocurrió en Tunguska fue algún tipo de prueba de un arma similar, si no la propia. Cosa que desde mi punto de vista es poco probable.

En cualquier caso con la llegada de la Era Atómica se desvanecieron todos los proyectos de esos “rayos de la muerte”, rendidos ante el poder de la fisión del átomo. O tal vez no.

En los años 80 del siglo XX, en plena Guerra Fría, con el proyecto “Guerra de las Galaxias” – la Iniciativa de Defensa Estratégica de la administración Reagan – que consistía en una red de satélites artificiales que desde su órbita vigilarían el lanzamiento por parte de la U.R.S.S. de misiles nucleares para interceptarlos y destruirlos en pleno vuelo. O el más reciente proyecto de Escudo Antimisiles Global. O incluso la posibilidad de que el H.A.A.R.P. pudiera emplearse como rayo destructor.

Como ven Tesla no fue ni el único ni el primero en desarrollar tales ideas que parece que hoy, ampliadas, se siguen empleando.

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