lunes, 1 de agosto de 2011

Se multiplican las ciudades fantasma en el mapa de EEUU


Los que una vez fueron pueblos prósperos y ricos, abundantes en todo lo que una sociedad puede desear, hoy día se llaman ciudades fantasma. Los marcos vacíos de las ventanas, las casas abandonadas, las calles que sólo pisan los pies de turistas ocasionales, jamás verán tiempos mejores. Lo único que les queda es morir recordando un pasado más glorioso.

Las ciudades fantasma o abandonadas ocupan cada vez más puntos en el mapa de Estados Unidos. Hoy día parece haber poca gente que quiera vivir en las áreas rurales, en pueblos pequeños o en ciudades alejadas de las grandes metrópolis.

Solo el 16% de los estadounidenses viven en las áreas rurales mientras que hace un siglo, en 1910, los pueblos y las ciudades pequeñas contaban con el 72% de la población. Y esta cifra continúa bajando con perspectiva de llegar a cero en 2050, cuando no quede nada que hacer en esas zonas y se cierren las escuelas por falta de niños.

La crisis económica tampoco ayuda equilibrar el balance entre la cantidad de población urbana y la rural. Los estadounidenses se sienten más atraídos hacia las ciudades grandes donde hay más oferta de empleos y más posibilidades. Mientras que los pueblos hoy día son un recuerdo del pasado, las ciudades siguen creciendo rápidamente, formándose mega metrópolis, como la que va desde Boston, Massachusetts, pasando por Nueva York, Filadelfia, Pensilvania, Baltimore, Maryland y terminando en Washington.

EE.UU. no es el único país con ciudades abandonadas. Los pueblos fantasma surgen en diferentes partes del mundo debido a la crisis económica, al agotamiento de los recursos naturales en cuya extracción trabajan los ciudadanos, a los conflictos armados o a las catástrofes naturales, entre otras causas.

Por ejemplo, la ciudad de Hambestone, en Chile, construida cerca de un yacimiento de salitre, hoy día es apenas una atracción turística. El pueblo español de Belchite, destruido durante la guerra civil de los años 30 del siglo pasado, nunca fue reconstruido y el de Craco, en el sur de Italia, sufrió un terremoto y tampoco fue habitado de nuevo.

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