sábado, 13 de agosto de 2011

Siguen las protestas por el costo de vida en Israel: Se suman los jubilados



A las protestas de la clase media por el incremento en el costo de vida que se reproducen por todo Israel se sumaron los jubilados. Con US$ 450 por mes, los jubilados de Israel tienen los ingresos más bajos de toda el área de los países de la Organización para la Cooperación y la Seguridad en Europa. Este fin de semana 300 mil israelíes se manifestaron por Tel Aviv.


Las protestas por el encarecimiento del costo de vida en Israel volvieron a copar hoy las calles de Tel Aviv, con la novedad de que a los jóvenes y personas de mediana edad que se manifiestan desde hace un mes se unieron cientos de jubilados.

Los ancianos desfilaron por las calles de la ciudad para exigir una actualización de sus ingresos y un recorte en los costos farmacéuticos y de artículos de primera necesidad.

Las jubilaciones más bajas en Israel son de US$ 410 mensuales, el menor nivel de toda el área de los países de la Organización para la Cooperación y la Seguridad en Europa.

La disponibilidad para el diálogo declarada ayer por el primer ministro Benjamin Netanyahu, que prometió crear una comisión especial de ministros y economistas encargada de analizar las reivindicaciones populares en un plazo de un mes, no alcanzó para detener las protestas, aunque no fue rechazada por los organizadores de las marchas.

Además, hoy la Knesset, el Parlamento israelí, decidio interrumpir la pausa estival para convocar a una sesión extraordinaria sobre el tema en unos días.

Asimismo, el Ministerio de Finanzas confirmó hoy un nuevo incremento de las tarifas eléctricas en un 10 por ciento, lo que fue rechazado por los "indignados" israelíes.

El gobierno, empero, subrayó que el aumento esperado en la electricidad era del doble.

El Sábado 6 de Agosto se manifestaron 300.000 personas en distintos puntos de Israel, bajo el lema: “el pueblo reclama justicia social”. Uno de cada 25 israelíes decidió que la situación era ya insostenible y el reclamo debía hacerse oír claramente.

Esta fue la mayor manifestación de todos los tiempos, abarcando gente de todas las edades y localidades del país. Esto sucede a una semana de la movilización anterior, batiendo su propio record de 150.000 personas.

Todo empezó hace pocos meses, cuando empezaron protestas difundidas a través de las redes sociales de Internet, a raíz del alto costo de la nafta. La protesta surgía porque ante la respuesta gubernamental que la suba se debía a costos internacionales del petróleo bruto, en la realidad gran parte del costo es debido a los altos impuestos nacionales. Cuanto más alto el precio del petróleo, mas ganancia para las arcas del Estado, ganancias que no son redistribuidas a los ciudadanos.

Continuó hace poco más de un mes, ante la suba desmedida del precio del queso blanco (componente básico en la dieta israelí). El llamado a una huelga de consumidores asustó y doblegó al gobierno, aunque su respuesta fue que en lugar de limitar y controlar las ganancias de los monopolios productores de lácteos o de las grandes cadenas de supermercados, decidió reducir los exiguos márgenes de los tamberos.

Así las cosas, cuando hace tres semanas un grupo de jóvenes acampó en el Boulevard Rothschild de Tel Aviv, reclamando por el alto costo de la vivienda, se sumó el elemento tangible y presencial que faltó en las protestas anteriores.

A partir de ahí, la protesta se expandió por todo el país. Acampadas surgieron de norte a sur del país, marchas simultaneas de padres reclamando por el alto costo de la educación, y reclamos por la destrucción del sistema de salud pública.

El gobierno, que inicialmente intentó descalificar la protesta con la trillada amenaza que se trata de actividades organizadas por la izquierda, rápidamente tuvo que asumir que la protesta provenía de todos los sectores de la población.

Nadie puede predecir hacia donde avanza esta protesta. Así como los políticos que buscaban rédito personal fueron repudiados y expulsados de las acampadas, también son rechazados los intentos de darle a la protesta un cariz político practico.

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