martes, 27 de septiembre de 2011

Palomitas de maíz, ¡siempre me hacéis reír!

Las palomitas de maíz, blancas
vienen salvajes en bolsa de papel
y sólo esta humilde comida en franca
cuando en mi lengua vibra cual cascabel.

Las poseo, muy despacio, al atardecer
acompañadas del ritmo de tu voz,
mientras me olvido de aquel frío ayer
dejándome abrazar por ese peculiar albornoz

que te ceden, mientras oigo al futuro crecer
de forma fuerte, rauda, con espíritu precoz,
mueren los segundos, ¡y yo no paro de comer!
Dentro de mí, aumentan, hasta dedicarme algo feroz.

Las palomitas guardan sentimientos,
entre ellos, nostalgia, sonrisas y algún lloro
los noto, mientras predicen acontecimientos
susurros, fuerza y calambritos a coro,

además, ellas, son muy buenos aposentos
para encarcelar mis más tiernos recuerdos
porque en cada uno vives tú, sin arrinconamientos,
donde cedes sin vacilar tus reinos a los cerdos.

Duermen en nuestro corazón, sin temor,
protegen nuestra ánima, satisfacen los momentos,
dejan su huella salada en los labios del amor,
y lo mejor es que no entienden de raza o acentos.

ALBA L. VALLEJO



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