lunes, 17 de octubre de 2011

Una extraña enfermedad provoca la muerte de decenas de focas en las costas de Alaska

Los biológos creen que la causa podría estar en un virus


Decenas de focas anilladas han aparecido muertas en los últimos meses en la costa de Alaska víctimas de una extraña enfermedad que también podría estar afectando a morsas y focas barbudas, según han informado agencias locales y federales de Estados Unidos. Las focas enfermas han estado llegando desde el pasado mes de julio por sí mismas a la costa de Alaska, bañada por el océano Ártico, a un ritmo cada vez mayor con el paso de los meses, según han explicado biólogos del Departamento de Vida Salvaje del centro North Slope Borough y de otras agencias. Los biólogos han indicado que han sido localizadas unas 100 focas enfermas cerca de Barrow, la región más septentrional de Alaska, y que la mitad de los ejemplares murieron. 

Los residentes de esta región de población dispersa han asegurado que han visto llegar a sus playas 156 focas anilladas, muchas de ellas con síntomas de la misma enfermedad. Según el Servicio de Pesca de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica estadounidense (NOAA, por sus siglas en inglés), las focas anilladas no suelen llegar hasta tierra firme y pasan la mayor parte del año en el agua o en placas de hielo flotantes. 

Los biólogos que han estudiado los casos han considerado que la enfermedad podría estar causada por un virus. Los síntomas incluyen lesiones sangrantes en las aletas posteriores, piel irritada alrededor del hocico y los ojos y pérdida de pelo. Varios expertos han advertido de que este brote podría no limitarse a la especie de las focas anilladas, toda vez que también han aparecido morsas muertas con lesiones similares en la costa noroeste de Alaska. Por su parte, los cazadores de focas han asegurado que hallado lesiones parecidas en dos focas barbudas. 

El portavoz del Servicio de Pesca y Vida Salvaje de Estados Unidos, Bruce Woods, ha explicado que por el momento no se ha aclarado si las morsas han sufrido la misma enfermedad que las focas anilladas. «En este punto estamos a ciegas», ha reconocido.

Uno de los biólogos que ha estudiado este fenómeno, Jason Herrema, ha indicado que el aislamiento de la población que caracteriza a Alaska y las dificultades orográficas hacen imposible prestar asistencia veterinaria a las focas anilladas que llegan a las playas. «Las focas halladas muertas se recogen para tomar muestras. Las focas que están enfermas pero vivas dejamos que se recuperen por sí mismas», ha explicado en un correo electrónico, en el que ha detallado que las muestras están siendo llevadas a varios laboratorios de la zona y otros lugares. 

Las focas anilladas y las barbudas, así como las morsas del Pacífico, dependen del hielo marino del verano boreal y sufren el impacto del rápido calentamiento en el océano Ártico, según las agencias federales. La NOAA ha propuesto incluir estos dos tipos de focas entre las especies amenazadas y el Servicio de Pesca y Vida Salvaje ha designado la morsa del Pacífico como candidata a especie que debe ser protegida.

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