miércoles, 2 de noviembre de 2011

El G20 ante el reto de convertir sus promesas en realidad [.."Es el germen de un nuevo orden mundial"..]

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“Es el germen de un nuevo orden mundial”. Así resumió en 2009 el entonces primer ministro británico Gordon Brown las conclusiones de la cumbre del G20 en Londres. Dos años después, los países industrializados y emergentes siguen enfrentándose en parte a los mismos retos de entonces.

En medio de una nueva crisis, en este caso crediticia, los líderes del G20 pretenden reforzar la regulación del sector financiero durante la cumbre que celebrarán el 3 y 4 de noviembre en Cannes (Francia). Algunas de sus propuestas no son nuevas, pero ahora pretenden acelerar su implementación.
Por un lado, se quiere obligar a los principales bancos del mundo a aumentar su capital propio, según informaciones de círculos gubernamentales alemanes. Esta medida ya se decidió en realidad en la cumbre de Seúl de 2010, con el llamado acuerdo Basilea III. Pero en aquel entonces se dio un plazo de casi una década para implementarlo.

Sin embargo, la crisis vuelve ahora a llamar a la puerta y la Unión Europea (UE) decidió el pasado domingo dar de plazo hasta junio de 2012 para que los bancos eleven del cinco al nueve por ciento el requisito de capital de máxima calidad.
Según las informaciones de Berlín, el G20 podría elaborar esta semana una lista de 29 grandes entidades que tendrían que elevar sus reservas de capital entre un 1 y un 2,5 por ciento adicional.
La medida afectaría a los llamados bancos sistémicos, tan grandes e interrelacionados que hasta ahora los gobiernos no podían dejarles caer (“too big to fail”, en inglés). El objetivo es que, de ser necesario, en un futuro pueda abordarse una insolvencia ordenada de dichas entidades sin tener que recurrir a ayudas estatales.
Además, según la revista alemana “Der Spiegel”, el G20 pretende prohibir el pago de sueldos y bonificaciones excesivas en el sector financiero.
Los propios representantes de la UE apuntaron a la necesidad de mayores reformas del sector financiero en una carta enviada el domingo al G20. En la misiva, el presidente del Consejo Europeo, Herman Van Rompuy, y el de la Comisión, José Manuel Durao Barroso, pidieron un aumento del control de los mercados financieros, mayores reservas de capital para los bancos y una mayor supervisión de los arriesgados negocios financieros no bursátiles.
En este sentido, según “Der Spiegel”, el G20 exigirá que los productos financieros complicados, los llamados derivados, no puedan ser comerciados fuera de bolsa como hasta ahora, sino en plazas financieras y plataformas electrónicas que faciliten la mejor supervisión por parte de las autoridades.
Para otra ocasión tendrá que esperar casi seguro la tasa a las transacciones financieras. La Comisión Europea propuso recientemente su introducción a nivel comunitario y Alemania se propuso impulsar su internacionalización en Cannes. Pero fuentes del propio gobierno de Berlín dieron el lunes prácticamente por descatado que pueda alcanzarse un acuerdo al respecto en la cumbre francesa.
Países como Estados Unidos, China y Reino Unido siguen oponiéndose a una tasa que grave los movimientos de capital, una idea propuesta por el economista estadounidense James Tobin en 1972 y que a pesar pasar por la agenda de varios G20, aún no consigiió hacerse realidad.
Además de la regulación de los mercados financieros, otros dos asuntos centrarán la cumbre en que se dan cita los países del G8 (Francia, Alemania, Reino Unido, Canadá, Italia, Estados Unidos, Japón y Rusia) junto a México, Brasil, Argentina, Sudáfrica, Turquía, India, China, Indonesia, Corea del Sur, Arabia Saudí y Australia.

Por un lado están la contención de la deuda pública y el saneamiento de las finanzas estatales. El objetivo quedó en realidad fijado en la cumbre de Toronto de 2010: hasta 2013 debe reducirse a la mitad el déficit presupuestario, y hasta 2016 debe hacerse lo propio con el estatal. Un meta que los presidentes de Estados Unidos y Francia deberán acometer en medio de un débil crecimiento económico y a las puertas de un año electoral.
Por otro, se abordarán los desequilibrios de los mercados de divisas, un aspecto que quedó pospuesto en la cita del G20 de Seúl en 2010. En ella, Estados Unidos y la UE no consiguieron presionar a China para que aprecie el valor de su moneda. Ambas potencias acusan desde hace tiempo a Pekín de mantener el yuan artificialmente bajo para beneficiar así sus exportaciones.
La crisis crediticia de Europa tampoco ayuda en este aspecto: ante la incertidumbre, los inversores huyen del euro y se refugian en otras monedas, como el yen japonés o el dólar estadounidense, lo que provoca el lastre de las ventas al exterior de Tokio y Washington. Una vez más, la falta de confianza entorpece el crecimiento económico.

Según los últimos datos de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), el producto interno bruto crecerá en el G20 un 3,9 por ciento en 2012 y un 4,6 en 2013, pero la mayor parte de este crecimiento procederá de las economías emergentes. Según la organización, que publicó sus datos tres días antes de la reunión de Cannes, esta debilidad podría atribuirse en gran medida a la carencia general de confianza en la capacidad política.

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