sábado, 19 de noviembre de 2011

La verdadera causa del cáncer de pulmón

Enviado por: AM282

“Japón y Grecia tienen el número más alto de fumadores adultos de cigarrillos en el mundo, pero la más baja incidencia de cáncer de pulmón. En contraste con esto, América, Australia, Rusia, y algunas islas del Pacífico tienen el menor número de fumadores, pero la más alta incidencia de cáncer de pulmón.”


Cada año la publicidad “Anti-Tabaco” gasta miles de millones para perpetuar lo que se ha convertido en un exitoso engaño social.
Ciertos gobiernos saben que sus actos pasados son responsables de causar la mayoría de canceres de pulmón y piel en el mundo, de modo que necesitan hechar las culpa a otros, y en este caso al tabaco orgánico.
Paradójicamente los países con el número más alto de adultos fumadores de cigarrillos tienen la incidencia más baja de cáncer de pulmón. Esta es la pista número uno para revelar la bien establecida mentira médica occidental de que “fumar causar cáncer de pulmón”.
A comienzos del siglo XX casi una de cada dos personas fumaban, pero la incidencia de cáncer de pulmón se mantuvo tan baja que fue prácticamente no mensurable.
Pero el 16 de julio de 1945 sucedió algo aterrador que finalmente causaría que los gobiernos occidentales distorsionaran la percepción del fumar para siempre.
Se realizó el primer ensayo nuclear, conocido como el “Trinity Test”, la primera arma nuclear sucia que se detonó en la atmósfera.


Una bomba de seis kilos de plutonio, Trinity explotó sobre Nuevo México, y en cuestión de segundos, miles de millones de mortales partículas radioactivas fueron expandidas en la atmósfera.
El gobierno norteamericano sabía de la radiación y sus letales efectos sobre los humanos, pero ignoró completamente la salud y el bienestar de la población.
Hay que saber que:

Una simple partícula radiactiva en la piel es suficiente para adquirir cáncer de piel.
Inhalarla, es suficiente para originar un cáncer de pulmón mortal.

La microscópica partícula radioactiva se adhiere profundamente en el tejido del pulmón y causa una incontrolable multiplicación celular.
¿Como podemos estar absolutamente seguros de que las partículas radioactivas inhaladas causan cáncer de pulmón cada vez que un sujeto es expuesto internamente?
Los verdaderos científicos ya lo han demostrado.
Primero el sospechoso agente radioactivo fue aislado y utilizado en experimentos de laboratorios adecuadamente controlados para producir el resultado pretendido, por ejemplo cáncer de pulmón en mamíferos.
Los científicos han utilizado decenas de miles de ratones y ratas de esta manera a través de los años, exponiendo deliberadamente sus pulmones a material radioactivo.
Los numerosos resultados científicos documentados son idénticos: cada ratón o rata obedientemente contrae cáncer de pulmón y luego muere.
La teoría ha sido convertida en hechos científicos bajo estrictas condiciones controladas de laboratorio. El agente sospechoso (material radiactivo) causó el resultado sostenido (cáncer de pulmón) cuando es inhalado por mamíferos.
La magnitud del riesgo de contraer cáncer de pulmón para los humanos originado por las partículas radioactivas en la atmósfera es real y significativa.
Antes de que las grandes potencias prohibieran definitivamente los ensayos atómicos atmosféricos en 1963, más de 4.200 Kg. de plutonio habían sido descargados en la atmósfera.
Ya que sabemos que menos de un microgramo (millonésima parte y un gramo) de plutonio inhalado causa cáncer terminal de pulmón en el humano, sabemos por lo tanto que las potencias nucleares han emanado 4.200.000.000 (4,2 mil millones) de dosis letales en la atmósfera, con una vida media de la partícula radioactiva de 50.000 (cincuenta mil) años.
¿Aterrorizante?


Desafortunadamente es peor.


El material radiactivo mencionado existe en el armamento nuclear actual antes de la detonación, pero de lejos el mayor número de partículas radiactivas mortales son las derivadas de la basura común o arena absorbida del suelo, e irradiada a esta viajando verticalmente a través de la bola de fuego durante la explosión.

Estas partículas forman holgadamente la mayor parte del “humo” que se puede ver en cualquier imagen de una detonación nuclear atmosférica. En muchos casos varias toneladas de material, pero seamos increíblemente conservadores y afirmemos que solamente 1000 Kg. de material de superficie es expandido en cada ensayo nuclear atmosférico.
Antes de ser prohibido por Rusia, Inglaterra y Norteamérica, se realizaron un total de 711 ensayos nucleares atmosféricos, creando por consiguiente 711.000 Kg. de mortales microscópicas partículas radioactivas, a las que deben ser agregados los 4.200 Kg. originales de las mismas armas, para un aproximado pero muy conservador total de 715.200 Kg.
Hay más de un millón de dosis letales por Kg., significando que los gobiernos han contaminado la atmósfera terrestre con más de 715.000.000.000 [715 mil millones] de tales dosis, suficiente para causar cáncer de pulmón o cáncer de piel 117 veces en cada hombre, mujer o niño en la Tierra.
Antes que usted lo pregunte: NO, las partículas radiactivas no desaparecen, perduran al menos hasta dentro de 50.000 años.
Con una vida media de 50.000 años o más, estos incontables trillones de mortales partículas radioactivas manufacturadas por los gobiernos estarán esencialmente con nosotros para siempre.
Esas partículas se expanden por todo el planeta de forma aleatoria. Los vientos u otros fenómenos atmosféricos es todo lo que necesitan.
La inocente actividad de caminar removiendo la arena en la playa en el verano podría ahora fácilmente traducirse en un suicidio, si resulta que usted agita unas pocas partículas radiactivas que pueden pegarse a su piel o ser inhaladas en sus pulmones.
Basta de burlarse de Michael Jackson cuando aparecía en su aeropuerto local con una máscara quirúrgica sobre su nariz.
Doce años después del cataclismo del Trinity test, se hizo obvio para los gobiernos occidentales que las cosas se estaban poniendo completamente fuera de control, con un reporte en 1957 del British Medical Research Council afirmando que las “muertes globales de cáncer de pulmón se habían más que duplicado durante el periodo 1945 a 1955″, a pesar de que no se ofreció una explicación.
Durante el mismo período de diez años, la muertes de cáncer en las cercanías de Hiroshima y Nagasaki aumentaron tres veces.
Al final de las pruebas atmosféricas oficiales en 1963, la incidencia de cáncer de pulmón en las islas del Pacífico se multiplicó por cinco desde 1945.

Habiendo arruinado el medio ambiente completamente por 50.000 años, era hora de que los “grandes gobiernos” comenzaran a tomar serias acciones de “distracción”.
¿Cómo engañar a la gente haciéndoles creer que los culpables de contraer cáncer de pulmón son ellos mismos, de forma que el gobierno nunca pueda ser culpado o demandado?
La única sustancia obvia que la gente inhala en sus pulmones, aparte del aire, era el humo del tabaco, de modo que el gobierno hizo pie ahí.
Los “Investigadores” médicos de baja calificación repentinamente se encontraron inundados con masivos subsidios gubernamentales todos orientados a obtener el mismo resultado final: “Demostrar que fumar produce cáncer de pulmón”.
Los científicos verdaderos (especialmente algunos notables físicos nucleares) sonrieron amargamente por los iniciales patéticos esfuerzos del nuevo lobby anti-fumador, y los tentaron en la más mortífera trampa de todas.
Fueron invitados a demostrar sus falsas afirmaciones bajo las mismas rígidas reglas científicas utilizadas cuando se probó que las partículas radioactivas causan cáncer de pulmón en los mamíferos.
Recuerde, para que cualquier teoría sea aceptada científicamente, primero debe aprobarse de acuerdo con rigurosos requerimientos universalmente aceptados por los científicos.
Primero el agente sospechoso (el humo del tabaco) debe ser aislado y luego usado en experimentos de laboratorio para producir los resultados afirmados, por ejemplo, cáncer de pulmón en mamíferos.
A pesar de haber expuesto literalmente a miles de especialmente vulnerables ratones y ratas, al equivalente de 200 cigarrillos por día durante años, al final, “la ciencia médica” nunca pudo inducir cáncer de pulmón en ningún ratón o rata.

Sí, usted leyó correctamente.

Por más de cuarenta años, centenares de miles de médicos le han estado mintiendo deliberadamente.
Los científicos independientes han demostrado de manera concluyente que fumar no es la causa del cáncer de pulmón.
Y más aún, en un gran experimento “accidental” que nunca se permitió publicar, los verdaderos científicos demostraron con prístina claridad que fumar realmente ayuda a proteger contra el cáncer de pulmón.
Habitualmente los ratones y ratas son utilizados solamente una vez en un experimento científico, y luego destruidos. De esta manera los investigadores se aseguran que los resultados de cualquier sustancia que están testando no pueda ser “contaminada” accidentalmente por los efectos de otra sustancia.
Pero esta vez una parte de los ratones expuestos al tabaco en el primer experimento, fueron utilizados para el experimento de las partículas radiactivas, el cual en el pasado había matado a todos los infortunados sujetos del test. Pero esta vez, contra todas las probabilidades, el sesenta por ciento de los ratones fumadores sobrevivieron a la exposición de la partículas radiactivas.
La única variable fue su exposición previa a copiosas cantidades de humo de tabaco.
La presión del gobierno se hizo sentir inmediatamente y los hechos eliminados, pero esto no silenció por completo a los verdaderos científicos.
El Profesor Gerhard Schrauzer, Presidente de la International Association of Bio-Inorganic Chemists, testificó ante un comité del Congreso de los EE.UU. en 1982 que se había comprobado científicamente que ciertos componentes del humo del tabaco actúa como agente anticancerígeno en animales de labortorio.
Continuó diciendo que cuando cancerígenos conocidos (sustancias que causan cáncer) se aplican a los animales, la aplicación de componentes del humo del tabaco los contrarrestan.
Además testificó bajo juramento ante el comité que “no hay ingredientes del humo del cigarrillo que haya mostrado causar cáncer de pulmón al humano”,  agregando que “nadie ha sido capaz de producir cáncer de pulmón en animales de laboratorios a partir de fumar”.

Probablemente esta dura verdad condujo a gobierno y a los médicos quasi “investigadores” a un enfado frenético. Para 1982 ellos realmente habían comenzado a creer su propia ridícula propaganda.
Repentinamente echaron la culpa a los otros ingredientes “secretos” puestos en los cigarrillos por las compañías tabacaleras. “Si, ¡tiene que ser esto!” clamaron con gran entusiasmo, hasta que un puñado de científicos señaló que los mismos ingredientes “secretos” habían sido incluidos en el experimento con ratones, y por lo tanto habían demostrado ser incapaces de producir cáncer de pulmón.
Las cosas se veían desesperadas para el gobierno y la comunidad médica.
Pero dado que los fondos anti fumadores habían comenzado en los años 60, decenas de miles de médicos habían pasado por las escuelas médicas, donde se les había adoctrinado que fumar produce cáncer.
“El fumar produce cáncer de pulmón” se convirtió en un credo, un mecanismo de creencia quasi religiosa donde la fe ciega se convirtió en un sustituto de la prueba.
Incluso la fe ciega necesita un sistema de refuerzo positivo, que en este caso se convirtió en las agencias de publicidad y los medios.
De repente la pantalla de televisión fue inundada con imágenes de terriblemente ennegrecidos “pulmones de fumadores”.

Por supuesto que todo esto era una basura patética.
Los pulmones de un fumador y un no fumador tienen un rosado idéntico, y la única manera que un patólogo forense pueda decir si ha sido un fumador, es si él encuentra manchas de nicotina en sus dedos o un paquete de Camels o Marlboro en el bolsillo de su abrigo…
¿Los pulmones negros?
De un trabajador minero, quien a través de toda su vida respiró en cantidades copiosas microscópicas partículas de polvo de carbón.
Igual que las partículas radiactivas que son capturadas profundamente en el tejido de los pulmones y se mantienen ahí para siempre.
Si usted trabajó profundo en las minas de carbón durante veinte años o más sin una máscara facial, sus pulmones probablemente se verán así.

Mucha gente se pregunta cómo es que esos ratones fumadores fueron protegidos de las mortales partículas radiactivas, y también por qué los números reales actualmente muestran muchos más no fumadores muriendo de cáncer de pulmón que fumadores.
Según el profesor Sterling de la Simon Fraser University en Canadá, fumar estimula la formación de una delgada capa de moco en los pulmones, “la cual forma una protección que evita que cualquier partícula portadora de cáncer pueda penetrar en el tejido pulmonar.”
Esto es tal vez lo más cercano que podemos llegar a la verdad en el presente, ya que tiene sentido científico.
Las mortales partículas radiactivas inhaladas por un fumador inicialmente podría ser atrapada por la capa de moco, y luego ser despedidas del cuerpo antes de que entren al tejido.

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