jueves, 3 de noviembre de 2011

Los líderes radicales de Israel fuerzan un ataque a Irán

La presencia de EE.UU. en Irak podría tentar a los dirigentes radicales israelíes a arrastrar a Washington a una guerra en Irán contra su voluntad, como objeto de un ataque. Haciendo un análisis de la historia, las fuerzas de la razón deben poner un pie en el freno.

En circunstancias normales, la institución militar está a la derecha de la clase política. La razón es obvia: la cantante quiere cantar, el escritor quiere escribir, y el comandante de división quiere movilizar las divisiones. Cuando Moshe Dayan dijo que prefería restringir el galope de los caballos antes que aguijonear a mulas perezosas, no se refería sólo a sus generales. 
 
Se trata de un patrón común en el escenario mundial. Sólo en raras ocasiones se revierten los roles y resulta que los militares son más moderado y circunspectos que el liderazgo político. La gran mayoría de estos casos -todos ellos, en la práctica, y no sólo en la década de 1930- terminaron en un desastre. La causa es simple, el ejército no está diseñado para actuar como un freno sobre una dirección extremista contemporánea.
 
 

Lamentablemente Israel, en la cúspide del invierno de 2011, se encuentra en esta rara y peligrosa situación. Lo mismo ocurre con respecto a la Autoridad Palestina. Todos los líderes militares, tanto del presente como del pasado, recomiendan encontrarse a mitad de camino con el presidente de la ANP, Mahmud Abbas. El ejército reconoce el “milagro” de los últimos años, con un gobierno en Cisjordania que goza de mayoría y toma medidas firmes contra el terrorismo. 

En contraste el sistema político de Israel respalda conscientemente las declaraciones del colono Avigdor Lieberman y hace todo lo posible para perjudicar a nuestro moderado socio palestino. Se sabe que la única manera de aferrarse a los asentamientos y su mundo mesiánico es apuntalar el liderazgo de los extremistas palestinos, con lo que “el diálogo es imposible”.

Esto es válido, y más aún, cuando se trata de Irán. Todos los jefes de las fuerzas armadas -el jefe de gabinete, los jefes del Mossad, la inteligencia militar y del servicio de seguridad Shin Bet, y el jefe de la Comisión de Energía Atómica de Israel, tanto los que están en funciones como algunos retirados- se oponen ferozmente a atacar a Irán ahora. Sin embargo, dos personas, el primer ministro Benjamín Netanyahu y el ministro de Defensa, Ehud Barak, se ven capaces de arrastrar a toda la nación a una guerra larga, con muchas bajas propias.

La imagen de la semana pasada fue la de fue la foto de Netanyahu luego de la reunión del pasado domingo con el líder espiritual del Shas, el religioso radical jefe del partido rabino Ovadia Yosef, el ministro del Interior Eli Yishai y el ministro de Vivienda y Construcción israelí Ariel Atias. Los teléfonos celulares quedaron apagados, como corresponde a una reunión de importantes, y el primer ayudante de Netanyahu, Natan Eshel, del campo nacional-religioso, fue temporalmente sacado de su escondite al lado de la biblioteca. 

No era al nonagenario rabino extremista a quien Netanyahu tenía que convencer de la necesidad de atacar a Irán ahora, sino más bien a la plana mayor del país, en servicio y retirados, así como a la mayoría de los ciudadanos israelíes y a los amigos de Israel en Occidente.

Personas sumidas en una profunda negación, o sin un espejo, se lamentaron de la situación en Túnez, donde un partido islámico moderado ganó el 41% de los escaños parlamentarios y formó una coalición con los partidos liberales y de izquierda. Sin embargo, más del 45% de los miembros de la Knesset de Israel tiene una visión religiosa radical, una visión del mundo mesiánica, antidemocrática y racista. Tome los 23 escaños combinados de Shas, del Judaísmo Unido de la Torá, Habayit Hayehudi (El Hogar Judío, N. de T.), y la Unión Nacional; véase Yisrael Beiteinu y la mitad de los diputados del Likud, como Danny Danon, Yariv Levin y otros. 

Y a diferencia de Túnez, no hay elementos liberales en la coalición. Hay una razón por la cual el ministro de Justicia Yaakov Neeman declaró que estaba trabajando para hacer de la ley religiosa la ley del país, y por qué la mayoría de los asesores del primer ministro provienen de los asentamientos, o los apoyan, portadores de una visión mesiánica y religiosa radical.

A Barak le gusta hablar de la tercera parte de los israelíes que sirven en las fuerzas armadas, trabajan y pagan impuestos. Ese tercio se enfrenta ahora a los misiles mientras las previsiones desde la seguridad de la trinchera del ministro de Defensa, Matan Vilnai, contemplan miles de víctimas. El enorme y costoso refugio nuclear que protegerá a todos los ministros del gabinete y tal vez a sus familiares y allegados, tampoco es una opción para los ciudadanos comunes. 

Tampoco lo es la protección que se prepara para los asentamientos, que no se espera que sean objetivos de los misiles. Los sitios que se han señalado en el centro de Israel como sitio de emergencia para fosa común, con el fin de prevenir la propagación de enfermedades, no son precisamente una opción alegre.

Hay una pequeña posibilidad de que los informes que caen como una lluvia desde lo alto sobre la posibilidad de una operación antes del invierno sean para poner al mundo en una situación de pánico. Pero también se nos acostumbró a la idea de un ataque. Peor aún, es muy tentador atreverse con la oposición del estamento militar por medio de una deliberación urgente, precipitada y parcial “en el último momento antes del lanzamiento”, como la discusión con el Rabino Yosef. Mientras tanto, la presencia de EE.UU. en Irak podría tentar a los dirigentes radicales israelíes a arrastrar a una guerra de Washington contra su voluntad, como objeto de un ataque. Revisando la historia, las fuerzas de la razón deben pisar el freno.
 
Enviado por: Ana Isabel V.

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