lunes, 12 de diciembre de 2011

China pide ser reconocida como economía de mercado

El presidente chino, Hu Jintao, pidió que el mundo reconozca a China plenamente como economía de mercado y relaje las restricciones en la exportación de alta tecnología al país, en su discurso para conmemorar el décimo aniversario del ingreso del país en la Organización Mundial del Comercio (OMC).

Hu subrayó que la entrada de China, sexta economía mundial en 2001 y segunda en la actualidad, “fue un hito en el proceso de reforma y apertura” del gobierno comunista, iniciando “una nueva etapa histórica” para la potencia asiática.
En el discurso, pronunciado en un foro organizado para conmemorar la efeméride, el mandatario destacó que China continuará la reforma y apertura de su economía, que se ha ido acelerando desde el ingreso en la OMC, y pondrá en práctica estrategias más activas para promover los intercambios con el resto del mundo.
China ingresó en la Organización Mundial del Comercio el 11 de diciembre de 2001, el mismo día en que lo hizo también su histórico rival Taiwán, y tras un arduo proceso de 15 años de negociaciones.
El ingreso supuso la incorporación de la economía de China, el país más poblado del mundo con más de 1.300 millones de habitantes, a las reglas del comercio internacional, aunque de una forma progresiva y que aún no ha terminado plenamente en muchos sectores regulados por Pekín (banca, energía…).
En estos 10 años el PIB chino ha ido progresivamente adelantando a los de Francia, Reino Unido y Alemania, un proceso que se ha visto acompañado de una progresiva internacionalización de su imagen (JJOO de Pekín 2008, Expo Universal de Shanghái 2010…) y no ha estado exenta de tensiones comerciales, especialmente con sus principales socios, EEUU y la Unión Europea.
La década de membresía en la OMC ha culminado, además, en 2011 con China asumiendo un papel impensable a principios de siglo: al haber capeado con autoridad la crisis financiera de 2008, Pekín se ha convertido en el mayor acreedor de EEUU y en una de las “tablas de salvación” a las que se aferra Bruselas para intentar resolver su crisis de deuda soberana.

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