sábado, 10 de diciembre de 2011

Cómo las empresas maquillan la explotación de los trabajadores que fabrican juguetes en China


¿Quién no ha comprado un juguete "made in China"? El 70% de los juguetes del mundo se producen en el gigante asiático y la mayoría de marcas internacionales tienen sus principales proveedores allí. Pero después de más de 20 años de dominio de este mercado globalizado, los trabajadores y las trabajadoras que fabrican estos habituales regalos navideños siguen viviendo penosas condiciones en miles de fábricas de las provincias más industriales del país.

Como sucede en la mayoría de zonas de nueva industrialización del mundo, buena parte de los obreros y las obreras de Guandong (provincia donde se producen el 70% de los juguetes chinos para la exportación) son inmigrantes que provienen de áreas rurales. El salario de las trabajadoras inmigrantes se de entre 850 y 1320 CNY (100-154 euros). Aunque se cumple con el salario mínimo legal, los trabajadores no pueden cubrir las necesidades básicas de sus familias. Por ello, habitualmente dejan a sus hijos e hijas a sus poblaciones de origen que sólo pueden visitar durante el Año Nuevo chino.

Hace veinte años que las organizaciones internacionales de defensa de los derechos laborales denuncian los salarios de miseria, las jornadas de trabajo interminables y la represión de cualquier intento de lucha por un trabajo digno. Ante las denuncias públicas y la preocupación de las grandes marcas por su imagen corporativa, las empresas del sector han desarrollado códigos de conducta laborales y sistemas de verificación, que pretenden garantizar la responsabilidad social en la cadena de suministro. ICTi (Internacional Council of Toy Industriales), una asociación empresarial que agrupa a organizaciones patronales del sector de los juguetes de todo el mundo, desarrolló el ICTI CARE Process , un sistema de seguimiento de la producción que otorga a las empresas un sello que, supuestamente, garantiza que el proceso de manufactura de sus productos cumple unos estándares básicos recogidos en su código de conducta.

Por desgracia, como ocurre en la electrónica o la confección de ropa, los resultados que las estrategias de responsabilidad social que comunican las firmas internacionales no se corresponde con el día a día de las personas trabajadoras. La organización SACOM (Students & Scholars Against Corporate Misbehaviour) ha estado haciendo un seguimiento de la industria del juguete en China desde 2005 y manifiesta no haber detectado mejoras en las condiciones de las personas trabajadoras. Durante el verano de 2011, SACOM ha investigado tres fábricas de juguetes proveedoras de firmas de renombre como Disney, Mattel, Lego, MacDonalds, Marks and Spencer y Walmart. Aunque las tres fábricas están certificadas por ICTi CARE desde hace años, las condiciones laborales siguen dejando mucho que desear.

El equipo de SACOM ha documentado un exceso sistemático de horas extraordinarias, contabilizando su hasta 140 mensuales (cuatro veces el límite legal), retrasos constantes en el pago de las nóminas, ausencia de equipos de protección personal en trabajos de manipulación de sustancias peligrosas, impagos de las cotizaciones a la seguridad social, multas arbitrarias, dormitorios y espacios para comer insalubres, trabajo infantil durante el verano y negación a las obreras y los obreros de una copia de su contrato laboral entre otras violaciones los derechos laborales básicos reconocidos por la ley y recogidos en el código de conducta de ICTI. Para conseguir el sello ICTI CARE, las fábricas pasan unas auditorías que ellas mismas han de financiar y que, a la vista de los resultados, son muy poco creíbles. Las marcas internacionales pero, obligan a los fabricantes chinos a obtener el sello, limpiando así su imagen y convirtiendo esta certificación en un lucrativo negocio. Hasta 780 marcas apoyan ICTI CARE, algunas tan importantes como Mattel, Hasbro, Lego, Disney o ToysRus. Según su propio sitio web, más de 2.420 fábricas solicitaron sus servicios de certificación durante noviembre de 2011.

No hay en las estrategias de responsabilidad social de las empresas internacionales del sector ningún tipo de voluntad de cambio de las estructuras que hacen posible estos niveles de explotación laboral. En un entorno de competencia internacional feroz, los trabajadores y las trabajadoras no pueden ni plantearse la posibilidad de llegar a comprar los coches HotWheels o las muñecas Barbie que fabrican durante 14 horas diarias.

 

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